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Soria inaugura, en 50 aniversario de su muerte, exposición sobre figura y obra de Gaya Nuño

Soria inaugura este jueves la exposición “Gaya Nuño. Una modernidad española”, que propone un recorrido por la figura y la labor intelectual de Juan Antonio Gaya Nuño (1913–1976), narrador, historiador y crítico de arte fundamental para la reconstrucción de la modernidad artística española tras la Guerra Civil. 

FUNDOS inauguró esta muestra el pasado mes de enero en su Centro Cultural de Salamanca, acercando la figura del crítico soriano al público salmantino.

Dentro de esta itinerancia, la exposición llega ahora a Soria en una fecha especial: coincidiendo con la conmemoración del 50 aniversario del fallecimiento de Gaya Nuño, que tendrá lugar el próximo 6 de julio.

A través de libros, obras y documentos, la muestra pone de relieve su papel como mediador entre tradición y vanguardia, figuración y abstracción, así como entre el arte nacional e internacional.

Organizada en varios apartados, la muestra aborda la contribución de Gaya Nuño al estudio y difusión de las primeras vanguardias (Picasso, Miró, Dalí), la pintura figurativa de posguerra y la Escuela de Madrid, la literatura producida dentro y fuera de España tras la guerra, el impulso renovador de Dau al Set, el desarrollo de la abstracción desde Altamira hasta El Paso, y la evolución de la escultura, la cerámica y la arquitectura de su momento.

En conjunto, la muestra subraya la amplitud de intereses y la mirada plural de Gaya Nuño, clave para comprender el arte español del siglo XX.

Hay obras de varios de los principales exponentes de la modernidad española recorriendo las décadas que transcurren desde los años 20 hasta los años 60.

Se exponen alrededor de 300 materiales, con una muy destacada representación no solo de obra artística, sino también de literatura, catálogos de exposiciones y correspondencia.

La exposición destaca por la variedad de técnicas presentes, así como por la variedad de documentos históricos y artísticos de la época representada.

A través de la muestra se podrá observar la relación de Gaya Nuño con nombres icónicos de su momento, tanto dentro como fuera de España, lo cual le permitió desempeñarse dentro de un amplio espectro artístico para convertirse en referente y narrador de la historia del arte español.

La exposición incluye obras del Fondo documental Juan Antonio Gaya Nuño que actualmente se resguarda en el Centro Gaya Nuño de Soria.

Por primera vez, se ofrece una visión integral que no solo reúne su colección de arte, sino también el vasto universo intelectual que atesoró a lo largo de su vida: sus creaciones literarias, su obra crítica, libros, artículos y

noticias de la época, catálogos históricos y una significativa selección de correspondencia. 

Este enfoque permite comprender a Gaya Nuño no solo como estudioso y difusor del arte moderno, sino como una figura central de la cultura española moderna 

Narrador e historiador del arte, Juan Antonio Gaya Nuño (Tardelcuende, Soria, 1913 – Madrid, 1976) fue una figura fundamental del siglo pasado español. Su familia se trasladó a Soria en 1920, estudiando él por libre en su Instituto, al que después de sus estudios en la Universidad de Madrid volvería como profesor ayudante gratuito.

Fue amigo de Blas Taracena y de José Tudela, dos de los intelectuales clave de aquella Soria, a los que siempre trataría.

Combatió en las filas republicanas (primero como capitán en el Batallón Numancia, activo en la provincia de Guadalajara) mientras políticamente estaba integrado en las recién creadas JSU, así como en la Alianza de Escritores Antifascistas para la Defensa de la Cultura, y más tarde en la XII División. Su diario de guerra permite apreciar su sintonía con el PCE, el Socorro Rojo Internacional, “los simpáticos polacos” de las Brigadas Internacionales, La Pasionaria, Lister e Ilya Ehrenburg, no faltando los elogios al cenetista Cipriano Mera, ni una referencia contra el POUM.

Tras ser condenado en consejo de guerra a veinte años de reclusión menor, pasó parte de los años 1939-1941 encarcelado en el penal de Valdenoceda (Burgos), siendo trasladado luego al de Las Palmas. En una de esas dos cárceles lo retrató Antonio Moraleda, otro recluso que compartió entonces ese tránsito. 

Salió en libertad condicional (con destierro en Bilbao) en 1943, y la Universidad le estaría vetada por negarse a jurar los Principios Fundamentales del Movimiento.

Con su esposa, Concha de Marco, también soriana, a la que había conocido en 1935, y con la que se había casado en 1937, tras el destierro bilbaíno regresó a Madrid. Los años 1947-1951 transcurrieron para ellos en una Barcelona donde trataron a supervivientes del noucentisme, a figurativos de nuevo cuño, y a los magicistas de Dau al Set.

De su mirada moderna y plural nos habla su trabajo (un encargo de Josep Gudiol) como programador de las Galerías Layetanas 

En 1952 el matrimonio volvió a Madrid. Además de ser un profundo conocedor de nuestro arte moderno (en torno al cual gira la exposición, en la que se trata de mostrar de qué modo articuló vanguardia y tradición, figuración y abstracción, arte del interior y arte del exilio), encontró tiempo para escribir sobre la escultura ibérica, nuestro románico en general, el castellano y más específicamente soriano (este último objeto de su tesis doctoral de 1936, que aparecería en 1946), la pintura gótica, el Renacimiento en España y Portugal, la arquitectura española en sus monumentos desaparecidos, la pintura europea perdida por España, la pintura española fuera de España, nuestros museos en general y el Prado en particular o la pintura italiana en él, la pintura española en los museos provinciales, el Louvre, el autorretrato español, nuestro bodegonismo, nuestra crítica de arte, el conflicto-arte literatura –una perla: las páginas en que se burla de las supuestas bibliotecas de los artistas (“La verdad es que comienza por ser benigna la consideración de biblioteca aplicada a un estante en donde pueden verse así como dos docenas de libros mal cuidados, rotos, manchados por la proximidad de pinceles y de productos de droguería”)-, cien libros de arte anunciados y no publicados, nuestro arte del 800, nuestras Exposiciones Nacionales, el cartelismo español, lapintura puertorriqueña, el arte europeo del XIX y el XX… 

Escribió guías tanto de su provincia natal como de Madrid, Toledo, El Escorial o Burgos, y artículos sobre numismática y hasta sobre filatelia.

Entre sus monografías sobre arte antiguo cabe recordar las que dedicó a Alenza, Alonso Berruguete, Claudio Coello, Fortuny, Fernando Gallego, Luis de Morales, Goya, Vicente López, Murillo, Antonio Palomino, Rosales, Velázquez y Zurbarán. Y tuvo tiempo también de construir una obra literaria en la que, junto a los títulos que salieron en vida suya (algunos de ellos incluidos en la tercera sección de esta muestra), están otros que permanecieron inéditos (tal es el caso del citado “Mi final de la guerra”), y que quedarían recogidos póstumamente en el segundo de los dos volúmenes de sus Obras completas (1999) literarias, ordenadas por Concepción Baranda Sotura.

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