Una exposición antológica, en El Burgo, redescubre la obra de Maxímino Peña
Redescubrir la obra de Maximino Peña, el artista de Salduero que está entre las personalidades más relevantes de la pintura castellana y española de finales del siglo XIX y comienzos del XX, es posible en El Burgo de Osma gracias a la exposición titulada “Retrato de la costumbre”.
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La obra pictórica de Peña, profundamente ligada a la provincia, convirtió las costumbres, las personas y la vida cotidiana en pinturas de gran calidad artística y de un notable valor documental.
La Diputación provincial, el Ayuntamiento de El Burgo de Osma y la Junta de Castilla y León HAN hecho posible esta muestra antológica que puede visitarse hasta el 18 de octubre en la Sala de Exposiciones del Centro Cultural San Agustín de la Villa Episcopal.
La exposición reúne cerca de cincuenta pinturas procedentes de diferentes colecciones.
Entre ellas hay obras de la Casa Museo de Maximino Peña, en Salduero; piezas pertenecientes a la colección de la Diputación Provincial de Soria —incluidas las que el pintor remitió como contraprestación por la beca que recibió para completar su formación en Roma— y tres cuadros procedentes del legado de Víctor Manuel Ayllón Casado.
El conjunto ofrece una visión amplia y representativa del patrimonio artístico vinculado a Maximino Peña.
La exposición se articula en torno a cuatro grandes aspectos de su producción artística.
El primero es el retrato, una de las facetas más destacadas de su carrera.
En este apartado se presentan retratos familiares, como el de su tío Felipe Muñoz, cuya ayuda fue decisiva para que pudiera iniciar su formación artística, junto a retratos de destacados personajes de la sociedad soriana.
Entre ellos sobresale el retrato de don Ramón Benito Aceña, acompañado por el de don José Ruiz, suegro del pintor, además de otros retratos de personajes aún sin identificar.
El segundo eje está dedicado a la pintura costumbrista.
En ella se distinguen dos vertientes claramente diferenciadas: por un lado, las escenas realizadas en su estudio madrileño, concebidas en buena medida para el mercado artístico; por otro, las obras nacidas durante sus estancias en Salduero, donde el artista retrató con enorme sensibilidad la vida cotidiana, las tradiciones y los paisajes de su tierra. Es probablemente en estas pinturas donde se encuentra al Maximino Peña más personal y auténtico. Obras como Pelando la pava, Niños en el puente de Salduero o sus retratos de pastores sorianos constituyen magníficos ejemplos de ello.
El tercer apartado está dedicado a su faceta como paisajista, menos conocida, pero igualmente relevante.
Influido por los pintores de la Colonia de Muros y por Aureliano de Beruete, Peña pintó del natural los paisajes de la comarca pinariega, mostrando un extraordinario dominio de la luz y una depurada técnica para plasmar la riqueza cromática del paisaje castellano.
La exposición concluye con una pequeña selección de bodegones, una faceta quizá menos conocida, pero que completa la visión de un pintor extraordinariamente versátil.
Biografía
Maximino Peña Muñoz nació en Salduero en 1863. Fue el mayor de los cinco hijos de Martín Peña, zapatero de profesión, y de Dominica Muñoz.
Con apenas trece años fue enviado a Buenos Aires para trabajar en el negocio de su tío Felipe Muñoz. Allí despertó su verdadera vocación artística copiando los dibujos publicados en la revista El Mosquito.
Su talento llamó la atención de su tío, quien decidió matricularlo en sus primeras clases de pintura con el profesor Blanco Aguirre.
Menos de tres años después regresó a España decidido a dedicarse por completo al arte.
En 1879 ingresó en la Escuela Superior de Pintura, Escultura y Grabado de Madrid.
Más tarde completó su formación en el Círculo de Bellas Artes y en el estudio de Casto Plasencia, a quien siempre consideró su verdadero maestro.
Gracias a una beca concedida por la Diputación Provincial de Soria pudo continuar sus estudios en Roma.
Antes de partir hacia Italia celebró, en 1883, su primera exposición individual en los salones de la Diputación Provincial de Soria. Aquella muestra le permitió obtener la beca con la que cumpliría el sueño de ampliar estudios en Roma.
Como muestra de agradecimiento, el pintor enviaba cada año una obra a la Diputación, varias de las cuales pueden contemplarse en esta exposición, algunas de ellas firmadas y fechadas en la propia ciudad de Roma.
A su regreso, Peña se integró plenamente en el ambiente artístico madrileño y se relacionó con figuras como Sorolla, Mariano Benlliure o José Francés.
También formó parte, desde sus inicios, de la colonia artística de Muros, una experiencia decisiva para la consolidación de su personalidad artística.
De esa etapa surgió una de sus obras más reconocidas, La carta del hijo ausente, presentada en la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1887, donde fue galardonada con una medalla.