¿Pueden mear mis nietos en las aceras?
Leonor del Río remite esta carta al director, en la que con cierto humor ácido, se queja sobre la creciente invasión de perros mascota que van dejando, -por minoría que sean- sus deposiciones a lo largo y ancho de la ciudad sin que se observe alguna vigilancia por parte de la Policía municipal.
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¿Pueden mear mis nietos en las aceras?
En las aceras, en los paseos, en los jardines, en las terrazas… como las perritas y perritos que lo hacen en cualquier lugar público sin que sus maleducados dueños, que la santísima Virgen de las Aguas me perdone, pongan el menor cuidado o remedio. Tan sencillo como regar los orines de sus mascotas con una botellita de agua. Da vergüenza y es repugnante ver las fachadas y aceras de nuestras calles con el inconfundible riego perruno.
Madre del Amor Hermoso, cómo no insistir en la continua aparición de sus zurullos en aceras, parques y jardines de la ciudad, con especial incidencia en la Alameda de Cervantes, que bien podría cambiar su nombre por la Perrera de Cervantes, con permiso -qué remedio- del Príncipe de las Letras. El Alto de la Dehesa, inigualable espacio de juegos infantiles, se ha convertido en feudo de algunos dueños de mascotas perrunas, que ignoran la obligatoriedad del uso de correa y, algunos indeseables, el deber de vigilancia de los inocentes animales y de recogida de sus excrementos.
¿Alguien ha visto la presencia de una mínima vigilancia policial en el Parque? Porque lo que sí hemos visto quienes frecuentamos ese bendito espacio son perros sueltos, sus deposiciones en paseos y zonas verdes con la tranquilidad de sus incívicos dueños y la falta absoluta de vigilancia. No basta con que el Ayuntamiento coloque unos carteles con las indicaciones de las obligaciones o prohibiciones vigentes, no. La información es inútil si no se acompaña de vigilancia y sanciones a los infractores. Y no se diga, Santo patrón, que basta con unos paseítos de la Policía municipal ¡en coche! A pie y bien visibles los queremos, vive Dios, que se nos van a oxidar con tanto coche. Muchos recordarán a los antiguos guardas de la Dehesa.
Bien está la tolerancia, pero mal está la total permisividad del incumplimiento de las normas mínimas de convivencia.
Y ya de paso, y por si acaso, como dice la sanjuanera, podrían controlar el uso prohibido de esos modernos y agresivos patinetes eléctricos por parques y aceras. ¿O será necesario un grave accidente para que vigilen su incorrecto uso?
Entonces, si hay alguien ahí, en el Ayuntamiento, ilústrenme, por el amor de Dios, ¿qué puedo decir a mis nietos?
Fdo: Leonor del Río