No leer libros es como estar desnudos
Juana Largo defiende en este artículo de opinión la riqueza que da leer libros. No hacerlo, es como caminar desnuda por la calle.
Carisma humanitario; creatividad en las relaciones
No leer libros es como estar desnudos
Aparte de que se pueda considerar que la lectura de libros (en mi caso gran parte en la actualidad del género sentimental) sea un gran placer, me parece que hay otras razones para leer libros y que no es una cuestión de gusto meramente.
Cuando voy por la calle o por el parque o en cualquier desplazamiento por la ciudad, me gusta llevar, en la mochila, un libro. Y lo que ocurre es que, sin libros, una se puede sentir desnuda o uno se puede sentir desnudo. Es ir por las calles o al lugar donde te muevas, como sin algo que te arrope, con algo que te proteja del permanente mal caótico de grupos que se llaman “de las sociedades” que no son igualitarias y en las cuales, cada una o cada uno, pretende hacer lo que le dé la gana.
Tanto es así que hay gente que no ha cogido un libro en su vida y no va desnudo por los exteriores de su casa. Esta gente es admirable si es que no leen porque desprecian tal actividad que, sí, en otras personas sucede que no leen por incapacidad y encima fardan del asunto y te lo dicen a la cara: "Soy del inmenso pelotón de los no lectores". . . Para estas personas los libros son un dolor y están orgullosos de sus desafueros para con los lectores.
En todos los tiempos, la lectura o el campo de los lectores puede existir, pero que, por otro lado, se puede participar en muchos o en todos los actos de la vida y no ser lectores.
Aunque vayan desnudos, ellos no se lo toman así y tienen en su conciencia la idea de que con un libro bajo el brazo no es uno o una, que se puede vivir sin leer.
Para muchos otros y otras la lectura es como llevar junto a tu cuerpo, en tu macuto, algo que te da seguridad y que te ampara y te conforta. Cuando uno de estos lectores no lleva en su bolso o en su mano, un libro, llega a sentirse mal y se aturulla y se espanta por las calles sin ese
Este desnudo que hago yo refiriéndome a una colectividad en striptease , también puede resultar como en muchas otras personas. E incluso es un ardid o una mascarada en un mundo de máscaras y de virtualidad que sirve para disimular y es un uso social que se utiliza para
Lo malo es hacer todo por mero uso social, cuando lo social, es perseguir una sociedad en la cual todo circule y se mueva de manera más abierta y progresista no quedándose en algo fijo, lo que nos llevaría a las edades de piedra. Ahora mismo, cuando lo que llamamos sociedad nuestra, está tan alborotada de tal modo que los que quieren sociedades fijas o ancladas en puntos muertos de la historia, ahora mismo que una sociedad se puede convertir en una mera colectividad, precisamente se indican los libros; nos estamos refiriendo sobre todo a los de lectura no mecánica, sino que tengan valor literario, para poder vivir en sociedad, ya que se está viviendo en grupos humanos, sobre todo no hordas, en los cuales se dé la mayor universalidad de valores y de asuntos buenos o no negativos, sino complejos. La complejidad de nuestro mundo nos pide que lo que es en cuanto al conocimiento de personas, no exactamente cosas, hay dos índices fundamentales: que hay que vivir en sociedad, no en una suma informe de gentes, en la que no hubiera cohesión moral y acuerdos, en vez del caos, y segundo que, por supuesto, tenemos textos de libros no solamente para la evasión –que también es algo valioso- pero también que somos factores individuales en los que buscar esa “persona” (dejamos aparte todo el mundo de internet y de máquinas presuntamente inteligentes o artificiales) que el exceso de sociedad puede eliminar.
En la búsqueda de la persona también hay valor: no va a ser todo exterior y conductista, también el espíritu de cada uno (tal como nos enseñaba Sócrates según la exposición de sus seguidores que hacían de él) demanda prioridades, una de ellas, de las más económicas, es el leer para evadirse, o el leer para jugar (tal como nos dijo Wittgenstein para el lenguaje) aunque también el hacerse uno más social precisamente cultivando la diferencia y la diversidad, y justo esto porque la sociedad o la comunidad, necesita respuestas y preguntas que no están nunca subsanadas ni dejan de requerirnos en nuestro interés.
No estaría bien que fuéramos todos pasmarotes como piedras sin vida y para no saber distinguir entre lo negro y lo blanco o entre toda la gama de colores del arcoíris ante unos grupos que exigen el discernimiento. Sería de risa que fuéramos siempre lo mismo sin ninguna mutación y que el saber y el sentir se diera siempre como algo fijo sin ninguna evolución.
En el aspecto de la literatura sentimental que nos agrada a algunas o a algunos, además de podernos recrear con el lenguaje y con sus imágenes, sean figuradas o literales, podemos llegar a vivir la realidad de unas gentes que no es punto “uno” o en “cero”, como la informática en sus principios, y que nos permite hacernos más ricos en un abanico de colores amplio y eso, rico, y que nos deja ver representado en letras, dicho sea esto de un modo general sin entrar en puntillismos sicológicos que inciden en esa riqueza de la lectura y el mundo a los cuales tenemos derechos de pertenecer todos. Para algunas y algunos de nosotros no es sustituible un ebook por un libro tradicional por muchas comodidades –falsas- que nos diera el libro electrónico y todo lo que va en esta onda en la cual ahora se debate la postmodernidad.
Y otra cosa es que, en la venta al público, estén los libros “caros” comparados con las cervezas, pero cree una que con visitar cualquiera de las tres librerías oficiales que hay ahora en la capital soriana, la de “Las Heras”, la de “Santos Ochoa” y la de “Piccolo”, en el ameno diálogo que suelen tener los libreros de tales, se puede purgar una o uno de la vida dura que nos pegan los tiempos, cada vez, y es curioso esto, cuanto más desarrollo industrial parece que más dificultosos, aunque siempre podemos aliviarnos de los pesares de lo más terrible que hay en este mundo, como son las masas.
Ya nos habló de ello Umberto Eco, el de “El nombre de la rosa”. Feliz Día del Libro, que ahora el de la Comunidad está muy mal.
Fdo: Juana Largo