Tribuna

Naturaleza y Cultura

01 Septiembre 2026

Ángel Coronado contrasta en este artículo de opinión las voces Naturaleza y Cultura, a veces confundidas, pero que no tienen nada que ver. No es lo mismos los efectos de un terremoto en La Alhambra, de Granada, que los de un bombardeo, aunque la consecuencia sea la misma.

Costes

Naturaleza y Cultura

Entre Naturaleza y Cultura se configura una frontera tan clara y tan precisa como difícil de describir. Ocurre (quizá entre otras cosas), que ni la voz “Naturaleza” tiene un sentido razonablemente estable, ni “Cultura” puede presumir de tenerlo.

Por “Naturaleza” entendemos tanto los fenómenos siderales del cosmos como la forma de ser de cualquier persona que, por naturaleza, es de tal o cual manera. Y por “Cultura” damos a entender tantísimas cosas que las resumiremos diciendo que cultural es lo no natural, porque al no nacer de la naturaleza sino de la educación, de la enseñanza y de la cultura, la lengua ha decidido denominarlas así. “Cultural” es lo tradicional o lo adquirido a través del estudio, el descubrimiento y la enseñanza, es decir, Cultura es Naturaleza, pero solo, y exclusivamente, para cada una de las personas y una por una de los miles de millones que lo somos en este mundo, y a su través, pero nunca de otro modo, a donde quiera que sea, sí, a donde quiera que sea, menos al sistema solar y a las galaxias.

Dicho lo cual podremos decir, por ejemplo, que Natural, desgraciadamente Natural sería el colapso de un edificio a causa de un terremoto y Cultural, desgraciadamente Cultural sería el derrumbe consecuente del impacto de un misil.

Por idénticas razones, pero ahora bienaventuradas, se podría decir que no es lo mismo un hermoso y tranquilo amanecer o anochecer, que tal cosa pero pintada. De lo primero hacemos responsable a la “Naturaleza”. De lo segundo al pintor, ilustrado por la “Cultura”.

Y solamente después de haber dicho lo dicho, tendría sentido el citar la diferencia entre lamentar la destrucción del edificio (Imaginen ustedes a la Alhambra de Granada con su palacio de Carlos V también, hechos una ruina entre las grietas de un siniestro movimiento de tierra que se llevase a sus visitantes de paso, imaginen ustedes eso, y eso frente a lo mismo, pero a causa de un bombardeo salvaje.

Otro, pero al fin y al cabo contraste también, lo tendría esa puesta de sol de la que uno se acuerda, frente a la que nos pintase un pintor (o la que nos describiese un escritor que supiese hacerlo, que por cierto, siendo así que las ocasiones las pintan calvas, les recomendaría leyesen la descripción que de un atardecer nos hace el famoso antropólogo Claude Lévi-Strauss en uno de sus libros, el que tuvo a bien dar el nombre de “Tristes Trópicos”).

Y ya, dicho todo lo dicho a lo que no queremos añadir más (y si alguna señora o señor no lo entendiese nos daría igual, aunque tratándose de la FEMP (Federación Española de Municipios y Provincias) no, que para eso decimos lo que ahora estamos diciendo), ya tendría sentido añadir que a la destrucción de La Alhambra, por seguir con el mismo ejemplo, nos uniríamos en duelo por no poder ajustarles cuenta a quienes la construyeron allí, zona sísmica donde las haya, aunque no siendo eso posible por varias razones a cada cual más obvia, nuestro duelo no estaría nunca ni en el patio de los leones ni en palacio de Carlos V ni en el mirador de Lindaraja  o estancia de ninguna clase, aunque de paso también (que las ocasiones las pintan calvas otra vez), sino en las víctimas, aunque no tan solo en tales o cuales otras sino en su totalidad (visitantes, turistas, curiosos, empleados, vigilantes, blancos, apretadillos de color, aceitunados o negros, guardias de seguridad, listos, tontos, ricos, pobres, estantes, foráneos, ciudadanos de la misma ciudad de Granada, gallegos, o vascos, catalanes, castellanos, ceutíes, manchegos o simplemente canarios, ibicencos, incluso de Australia, California o Madagascar), estantes en general sin excepciones de ninguna clase que por la causa que fuere, sin excepción ninguna estuviesen allí, y eso para enterrar como Dios manda a los muertos y atender a los que hubiesen resultado indemnes de la catástrofe, añadiendo que si de catástrofe “Natural” se hubiese tratado, haríamos eso, así, como suena, tal cual se dice.

Pero si ésta hubiese ocurrido por causa “Cultural”, lo mismo también, pero añadiendo algo esencial, algo ineludible, algo elemental, tan elemental como todo lo anterior o más si todavía cabe, a saber, escuchen ustedes, por favor: sin más bombas en represalia o en defensa o en venganza, sin nuevas catástrofes bombarderas, de forma que la “Cultura” no fuese pólvora sino a lo más polvareda. Y a los de las bombas y represalias y venganzas, a los bombarderos con bombas y con fusil, ¡Ay, cuánto te queremos, perejil!, a los bombarderos nos referimos, no a los otros, a los bomberos,  a los apagafuegos con sus mangueras de agua y sus cortafuegos, esto es, no a los bomberos, porque a éstos aplausos y merecido, justo sueldo para ellos, porque nos referimos a los bombarderos con bombas de mano y con fusil, ¡Uy! una ramita en tu boca queremos, perejil!, porque no a los bomberos apagafuegos nos referimos, no, sino a los matones que los provocan con la pólvora de las bombas, del insulto, del odio perejilero.

¡Ay!, a la cárcel, a la cárcel previo paso y repaso justiciero para ellos, presunciones para ellos las que quepan para ellos, todo eso para ellos y “San se acabó”. Mejor así , nos gusta más que lo de “Chao, pescao”, nos parece como más nuestro, más madrileño y más español. Qué necesidad tendremos nosotros de salir fuera de nuestras fronteras para encontrar algo que rime con “pescao”. Se nos ocurren de momento cinco voces, todas ellas sin caer en aquello en que cayese el otro, ¿lo recuerdan?, refiriéndose a don Antonio, al nuestro, a nuestro poeta, a don Antonio Machado. Nunca lo habíamos oído. Nunca volvimos a oírlo, y ahora lo citamos sin querer siquiera pronunciarlo. Y dijo el otro así: don Antonio “Machao”.

Se nos ocurren de momento cinco voces;  “Atontao”, “avispao”, “cagao” “mosqueao”, “acojonao”, y San se acabó.

Fdo: Ángel Coronado

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