ROOT | Opinión

BIC, BIC, BIC.

Viernes, 06 Febrero 2026 08:38

Ángel Coronado reclama en este artículo de opinión la protección del Cerro de los Moros, como Bien de Interés Cultural (BIC), y demanda la implicación del Ayuntamiento. Recuerda el adelanto que fue para la educación esos bolígrafos que, con el mismo nombre, evitaron borrones y manchones a los niños.

El presidente del Gobierno fuerza la independencia judicial y al TJUE, de cara al fallo de la amnistía

Mirar con confianza hacia adelante

BIC, BIC, BIC.

A cuenta del bien de interés cultural, esta idea: no mejores el bien, lo mejor es conservarlo. A cuenta del famoso bolígrafo otra de su genial inventor: no inventes más, mejora lo inventado. BIC, BIC.

Por otra parte, dado por hecho nuestro interés por la cultura, confesamos una particular devoción hacia el bolígrafo. Tan desmesurada y al tiempo tan modesta como es él, que no produce empacho el decirlo.

Y menos ponerlo al lado de algo que no es ni desmesurado ni modesto, porque ni la mezquita de Córdoba, ni El Quijote, ni una Puesta de Sol, ni cualquiera de las pirámides de Egipto, como tampoco las cataratas del Niágara o Don Antonio Machado, y ni siquiera un gorrión piando pío, pío en Los Pajaritos, son desmesurados ni modestos. Son lo que son. Y de intentar decirlo de otra forma, ya se sabe, solo es caer en el vacío de la cháchara sin sentido.

Sin embargo del bolígrafo, del BIC, no solo se pueden decir muchas cosas sino también no decirlas, lo que nos deja las manos libres para elegir. Y elegimos. Y no al azar. Disfrutamos recordando aquellos tiempos en que los bolis fueron noticia e invadieron millones de hogares y oficinas, como la lluvia, las nubes o el sol. Y no solo eso sino que también, para todos aquéllos que, sin haber leído El Quijote ni visto las pirámides no se hubiesen percatado de lo que verdaderamente supone tener un BIC, para todos ellos recomendaríamos esto: no inventéis más, y a mejorar lo inventado. BIC. Y no mejoréis el bien, lo mejor es conservarlo. BIC.

Por eso repetimos que no podemos recordar sin emoción esa inocente y simple propiedad de los bolis cuando éstos empezaban a colonizar las escuelas sustituyendo en los pupitres a los tinteros. ¡Se podía escribir con ellos debajo del agua!

El boli arrasó y sigue tan fresco. Se tomó muy en serio esa máxima que según la Wiki fue la idea de su origen: No inventes más. Mejora lo inventado. El boli se inventó hacia los años treinta del siglo pasado, pero desde entonces hasta los cuarenta o primeros cincuenta del mismo siglo, se mejoró el invento hasta dejarlo perfecto. Y hasta hoy.

Nos gusta el BIC. Nos gustan los bolis. Peinamos canas, y por eso recordamos aquel día en el que, acerca de bolis, se nos decían esas cosas maravillosas y casi sobrenaturales.

Siempre hubo maravillas y ahora nos pasan cosas parecidas con la IA. Se nos dice que la IA puede escribir por nosotros pero no solo debajo del agua sino en Marte, e incluso en Marte y debajo del agua en el caso de que allí se acabase descubriendo charcos. ¡Vete a Marte, Musk, y escribe debajo de un charco!

El boli, además de un bien de interés cultural como cualquier catedral o monumento, ha redimido a la humanidad infantil de llegar a su casa con los deditos manchados de tinta. Encima de un diez en el examen, encima, la bronca en casa por sentarse a la mesa con las manos sucias de tinta. Y qué decir del propio cole, libre de los tinteros sin tapón y llenos de tinta en los pupitres, a merced de patadas y empujones, y de los borrones. Llegar al final de la hoja en limpio era una proeza, aunque a veces y con frecuencia triste. Puntos y comas sabían muy bien lo que hacer para olvidarse de alguna “i” o de algún descansillo en la escalera de las palabras, echándolo todo a perder. La inevitable bronca paterna se disfrazaba entonces de mala nota profesoral. Suspenso en gramática y puntuación.

Tal era el paisaje cuando de pronto aparece, como en Lourdes, en Fátima o en El Escorial, la noticia fastuosa, la escritura subacuática. Imagino al capitán Nemo a bordo del Nautilus navegando hacia la Isla Misteriosa. Anclado allí, bajo el agua y provisto de su BIC, escribe una nota que deja en la orilla junto a un paquete que suponemos impermeable. ¡Tabaco!, ¡Verdadero tabaco!, exclamó Pancroff al verlo. (Julio Verne. La Isla Misteriosa). Y mientras, liando tabaco en papelillos Jean, cumplíamos nosotros varios años barbilampiños en pocos minutos, echando humo por la boca y la nariz, mareados, sin bigote ni rastro de barba.

El BIC, como cualquier bien de interés cultural o monumento. Y además, ha redimido a esa parte de la humanidad cuya inocencia y alegría nos afecta también a los mayores.

Será cosa que nos pase tan solo a nosotros, no sé, pero así como nos parece que los gritos y el bullicio infantil en el colegio es ahora mayor y más saludable que antes, nos parece también clara su razón. En parte se lo debemos al BIC, que al final significa igualmente “bien de interés cultural”  

Por otro lado, ese bien, ese interés, presenta en ocasiones otra cara diferente, incluso agresiva. Tolera sin problemas que se le ignore, pero amigo, no se te ocurra ningunearlo, chalanear con él o pasártelo por la entrepierna, con perdón. Convertir un templo dórico en un polvorín, por ejemplo. Se nos viene a la cabeza como un tiburón que nos quiere comer a todos, a todos en general, pese a los derechos humanos de no ser comidos, se nos viene a la cabeza imaginar a ese tiburón, el Partenón. Hubo un tiempo en el que, templo, fue además polvorín. Y estalló. Antes, o después, hubo otro en que alguno de los saqueos imperiales que desde siempre abundaron…, lo expolió. Y ahora El Partenón, reventado y expoliado incluso, viene todavía vivo, como un tiburón. Hay bienes de interés cultural y escultural que, como tiburones del mar bajo el agua pero con su aleta al viento, vienen a por nosotros, expoliadores. Se defienden. Entre Grecia y el Reino Unido se reparten los despojos.

Vale, vale, dice un tercero. Pero a ver qué hacemos. Más vale así. No es tan malo repartir, aunque te lleves, repartiendo, la mejor parte. Que sea lo que deba ser, pero a nosotros nos gustan los bolis y nos gusta ver al Partenón, como un tiburón que se defiende, herido, que se defiende viniendo. A su sombra, un día de calor, las cariátides del Erecteion se dejan ver.

Y que no se te ocurra tampoco chalanear con él o pasártelo por la entrepierna, con perdón. El Cerro de los Moros, por ejemplo, también se defiende a su manera. Una cuadrilla de velas negras como aletas de los tigres y leones del mar, cortan el agua como cuchillos en torno a él y chalanean mientras allá en lo alto, entre rosales silvestres y endrinos, los Pajaritos. Uno, un pajarito caído en la trampa mortal de liga, aletea pringoso pegajoso quejoso y pía. Se defiende. Y unos dedos infantiles, a saber si limpios de tinta o no, pero como zarpas de tigre, lo atrapan indefenso y lo ejecutan. Solo escapan tres plumas que vuelan. Se las lleva el viento.

No es ejemplar ni educativo describir en detalle una ejecución sumaria, salvaje y cruel. Lo evitaremos pidiendo con Ricardo Minguez y tantos otros un BIC para el Cerro de los Moros, entre los cuales, la verdad, nos gustaría contar también con Carlitos. El encuentro del Ayuntamiento de Soria contra Soria cobraría con ello un extraordinario relieve y colorido.

Fdo: Ángel Coronado

Te puede interesar
Opinión

El presidente del Gobierno fuerza la independencia judicial y al TJUE, de cara al fallo de la amnistía

07-02-2026 08:21
Opinión

BIC, BIC, BIC.

06-02-2026 08:38
Opinión

Mirar con confianza hacia adelante

05-02-2026 15:21
Opinión

Nuestro fundamento anímico; ahondar en las entretelas

02-02-2026 08:04
El MIRÓN de SORIA

(c) 2023 - El Mirón de Soria
Juan Carlos Hervás Hernández
Soria - España

  • Aviso Legal
  • Política de Cookies
  • Política de privacidad