A los chiqueros de la historia
Ángel Coronado defiende en este artículo de opinón que existen, contra la lógica, bienes de interés cultural de carácter inmaterial, como el del toro jubilo de Medinaceli, en tramitación.
La caja de Pandora
A los chiqueros de la historia
En nuestra opinión, existen contra toda lógica bienes de interés cultural de carácter inmaterial.
Y no nos referimos con eso a razones de naturaleza cultural o ética, humanitaria (aunque también), sino a razones de índole exclusivamente lógicas o de razón.
Tampoco vamos a entrar en discusiones acerca de lo que verdaderamente sea o se quiera decir que algo es. Nosotros lo haremos aquí a través de la voz “inmaterial” aludiendo a su sentido, aunque no hay voz de lengua ninguna que aludiendo a éste pueda eludir aquél. Y el carácter inmaterial de algo solo puede ser referido al sentido que de algo tengan o puedan tener las personas que, acudiendo a su pronunciación o sonido, la pronuncien, sin olvidarse nunca de que la palabra (ninguna) es de quien la pronuncia sino de todos los que la usan. Consecuentemente, no puede alegar nada en su nombre.
La incongruencia del BIC, esto es, del Bien de Interés Cultural de carácter inmaterial, no se refiere, por lo tanto, a la supuesta incongruencia entre el interés y la Cultura. El interés y la Cultura tienen mucho que ver entre sí, pero no en el foro de lo común sino en el foro que cada uno tiene legítimamente dentro de sí. No en el foro a establecer procedimientos legítimos y protocolarios para cualquiera, sino en el foro particular, privado, interno, y dentro de lo posible, siempre conforme a ley (La ley no puede, por imperativo natural, instalarse al interior de conciencia alguna. Solo de forma simbólica y a cuenta de Pepito Grillo, del Ángel de la guarda o en el futuro incierto del Juicio Final).
El quid de la cuestión, BIC o no BIC para el Toro Jubilo de Medinaceli, entonces, parece deba refugiarse, antes de nada, en otra relación diferente entre las voces “Bien” y “Cultura”, que bien podría superarse con algún adjetivo que al nombre genérico “Cultura” tiñese del color adecuado al caso. Cultura Histórica, podría ser. Cultura Etnográfica, Antropológica, Fosilizada, Ibérica, Celtíbera, o yo qué sé. La cuestión no sería entonces la de declarar al Toro Jubilo de Medinaceli Bien de Interés Cultural sino Bien de Interés Histórico, Etnográfico, etc., etc., etc., vamos, como si el protocolo del Código de Hammurabi que, como todos sabemos, consistía en cortar la mano al ladrón, pudiese ser resuelto sin cortarle la mano a nadie declarándolo Bien de Interés Históricamente justiciero, o como el de no de entrar en templo alguno a latigazos en contra de los pobres notarios y fariseos sin el invento de BIC ninguno.
O como el de no tener que seguir pescando peces en el lago Tiberíades durante toda la vida según viene ocurriendo desde que Pedro colgase las redes de pesca y se fuese a Roma, dicho sea todo esto con todo el respeto hacia los religiosos y los creyentes practicantes o no del credo, cisma o religión que fuere. Así podríamos resolver el problema del Toro Jubilo de Medinaceli tocando tan solo la Historia que se debe. Y a los libros y manuales y diccionarios con todo ello, bajo pena de suspenso para todo aquel estudiante que lo ignorase.
Cuánto mejor que seguir, erre que erre, cogiendo a un toro para prenderle a los cuernos un par de antorchas de fuego protegiéndole, eso sí, con una manta de barro para verle despavorido mejor que abrasado y llamarle jubilo entre jolgorio y mugido según tan altivo y sonoro nombre como suena el de BIC.
Esto es todo. Ya lo hemos dicho y lo volveremos a repetir. Nadie quiere borrar de la historia memoria ninguna, y como ninguna ésta, la de un toro de fuego sometido públicamente a prueba de fuego bajo el nombre de Bien Cultural y bajo una capa de barro para que no se abrase pero se asuste de un par de antorchas amarradas con hierros a sus cuernos y, asustado, corra detrás de unos cuantos que, asustados también, comprometen a cuenta de un susto suyo la juerga de los demás. O a una cabra despeñándola desde un campanario. Vamos, ¡Y además en el nombre de la Cultura! ¡Whuau!
Pues no vayas, no concurras a la fiesta, me dice un señor que se las da de listo. Pues recurre al Ayuntamiento para que te devuelvan la entrada, sigue diciendo el tipo. Y otro señor, el tipo bueno, dice que vale, pero solo para señoras y señoros. Nada de niñas ni de niños. A cumplir los diez y ocho añitos. A los diez y ocho ya estás maduro., hijo mío. Se abre la veda. Y a disfrutar. Y otro, por fin otro señor, docto en leyes, se cabrea porque no alegas.
Sumiso alego, recurro, escribo sin que nadie me ahuyente del templo. Creador de todo lo creado, alego en contra de la Creación. Nos creaste brutos. Y el Dios de la Creación no me oye.
Señores del juzgado, alego en contra del BIC del Toro Jubilo, por bruto. Y los Señores del juzgado me contestan pero no me atienden.
Sr. Ayuntamiento, que me devuelva usted el importe de la entrada de lo del Toro Jubilo. Me quedé en casa. No asistí. No me gusta esa fiesta. Y el Ayuntamiento dice que lo siente. Estamos hablando de un BIC, dice, hay mucho dinero por medio. Y educar a todos no es gratis. Diga usted que le dolía la barriga. De lo contrario ni le haremos caso, pero el aprobado ya lo tiene. Vale por la entrada. Y niñas y niños, a cumplir los 18 añitos. Ya maduros. Se abre la veda y a disfrutar, ya podéis ser brutos. Tengo un hijo y ayer celebramos su diez y ocho cumpleaños. Y no me hace ni caso.
En nuestra opinión debería modificarse la ley de formación acro nominal o acronómica para los casos de los BICS de Interés Inmaterial.
Ya en Roma. Todos en Roma. Y tanto en Roma como en París, ya viejos, a la residencia de ancianos, que como todos sabemos, también gozan de sus correspondientes protocolos. ¡Whuau!
Fdo: Ángel Coronado