El 15 M cumple aniversario, con todo (o casi) por hacer
El movimiento 15 M cumple quince años pero no está de enhorabuena. La movilización social que se manifestó en las calles de España para reclamar una democracia real, más participativa, se ha desinflado, sin que los objetivos, en buena medida, se hayan cumplido.
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El 15 M reflejó la indignación de la sociedad que reclamaba un cambio de rumbo en el sistema democrático, dominado entonces por el bipartidismo, para responder más a las necesidades de los gobernados. Pero en quince años, poco se ha conseguido. Se pedía democracia interna en los partidos, porque la falta de control interno alimenta la corrupción y la desconexión con los ciudadanos, pero no parece que se haya conseguido en este tiempo. Se reclamaba cerrar la puerta a la impunidad, porque nadie podía actuar contra la Administración y la corrupción quedaba impune aunque fuera conocida, se reclamaba un acceso real a la información pública, porque sin este requisito no hay control democrático posible, pero se está todavía muy lejos de conseguirse. Democracia Real rechazaba que fuera un movimiento populista, un proyecto antisistema ni una plataforma contra la política y aseguraba que no quería deslegitimar las instituciones ni sustituir la democracia representativa, sino algo más exigente como que la democracia funcione de verdad. “Unos nos consideramos más progresistas, otros más conservadores. Unos creyentes, otros no. Unos tenemos ideologías bien definidas, otros nos consideramos apolíticos… Pero todos estamos preocupados e indignados por el panorama político, económico y social que vemos a nuestro alrededor. Por la corrupción de los políticos, empresarios, banqueros… Por la indefensión del ciudadano de a pie. Esta situación nos hace daño a todos diariamente. Pero si todos nos unimos, podemos cambiarla. Es hora de ponerse en movimiento, hora de construir entre todos una sociedad mejor”, clamaba en su manifiesto reivindicativo. El movimiento Democracia Real defendía en su manifiesto que las prioridades de toda sociedad avanzada han de ser la igualdad, el progreso, la solidaridad, el libre acceso a la cultura, la sostenibilidad ecológica y el desarrollo, el bienestar y la felicidad de las personas. “Existen unos derechos básicos que deberían estar cubiertos en estas sociedades: derecho a la vivienda, al trabajo, a la cultura, a la salud, a la educación, a la participación política, al libre desarrollo personal, y derecho al consumo de los bienes necesarios para una vida sana y feliz. El actual funcionamiento de nuestro sistema económico y gubernamental no atiende a estas prioridades y es un obstáculo para el progreso de la humanidad”, aseveraba. Además señalaba que la democracia parte del pueblo así que el gobierno debe ser del pueblo, pero sin embargo, en España la mayor parte de la clase política ni siquiera escucha. “Sus funciones deberían ser la de llevar nuestra voz a las instituciones, facilitando la participación política ciudadana mediante cauces directos y procurando el mayor beneficio para el grueso de la sociedad, no la de enriquecerse y medrar a nuestra costa, atendiendo tan sólo a los dictados de los grandes poderes económicos y aferrándose al poder a través de una dictadura partitocrática encabezada por las inamovibles siglas del PPSOE”, denunciaba. “El ansia y acumulación de poder en unos pocos genera desigualdad, crispación e injusticia, lo cual conduce a la violencia, que rechazamos. El obsoleto y antinatural modelo económico vigente bloquea la maquinaria social en una espiral que se consume a sí misma enriqueciendo a unos pocos y sumiendo en la pobreza y la escasez al resto. Hasta el colapso”, reiteraba. A su juicio, la voluntad y fin del sistema es la acumulación de dinero, primándola por encima de la eficacia y el bienestar de la sociedad, despilfarrando recursos, destruyendo el planeta, generando desempleo y consumidores infelices. Los ciudadanos formamos parte del engranaje de una máquina destinada a enriquecer a una minoría que no sabe ni de nuestras necesidades. Somos anónimos, pero sin nosotros nada de esto existiría, pues nosotros movemos el mundo. Si como sociedad aprendemos a no fiar nuestro futuro a una abstracta rentabilidad económica que nunca redunda en beneficio de la mayoría, podremos eliminar los abusos y carencias que todos sufrimos. Es necesaria una Revolución Ética. Hemos puesto el dinero por encima del Ser Humano y tenemos que ponerlo a nuestro servicio. Somos personas, no productos del mercado. No soy sólo lo que compro, por qué lo compro y a quién se lo compro”, concluía. Quince años después, la mayoría coincide que poco se ha logrado.