Los niños reflejan la salud económica de las ciudades
Un nuevo informe de Arup indica que orientar más las ciudades a las necesidades de los niños puede mejorar el rendimiento económico de una ciudad, así como su capacidad de atraer y retener talento y una fuerza laboral más cualificada.
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Los autores del informe argumentan que si las ciudades no abordan las necesidades de los niños, se arriesgarán a sufrir un "efecto de vacío" que impactará tanto a nivel económico como cultural, como consecuencia de que las familias terminen mudándose a otras áreas.
La capacidad de los niños para moverse de forma independiente, el tiempo que pasan jugando al aire libre y su conexión con la naturaleza son indicadores clave de cómo está funcionando una ciudad, no solo para los niños, sino para todos sus habitantes.
La contaminación del aire, el tráfico, la delincuencia y la vida en edificios de gran altura son algunos de los factores que dificultan la relación ciudad-niño, lo que restringe su independencia y capacidad de juego.
El estrés de la vida urbana y la disminución de las oportunidades de recreo son factores significativos que contribuyen al aumento de la obesidad infantil y los problemas de salud mental.
Las ciudades deben fomentar que promotores, diseñadores y políticos adopten un enfoque centrado en las necesidades de los niños para planificar, diseñar y administrar ciudades.
Se trata de ir más allá de la dotación de pequeños parques infantiles y pasar a un modelo que se integre y se inspire en estrategias ya probadas de todo el mundo, tales como:
- El juego en las calles: la movilidad independiente incrementa la actividad física, la sociabilidad y el bienestar mental. Sin embargo, el miedo a que la seguridad de los niños se vea afectada por el hecho de ir solos hasta el colegio, ha provocado que la mayoría no lo haga si no es bajo supervisión. Si se cerrasen las calles al tráfico temporalmente, se incitaría a que personas de todas las edades fueran más activas, reduciendo al mismo tiempo tanto la contaminación del aire, como los peligros del tráfico. Una ciudad pionera en este ámbito es Bogotá, cerrando regularmente las calles de la ciudad a los vehículos. Ciudades como Bristol, Londres, Adelaida, Nueva York y Toronto ya están forjando alianzas entre residentes y administraciones locales para llevar a cabo los planes de “jugar en la calle”.
- Espacios intergeneracionales: donde vayan los niños, los adultos los siguen. La creación de un espacio activo puede beneficiar la salud y la cohesión de comunidades enteras. En Londres, el King's Cross Central incorporó desde el principio intervenciones lúdicas como medio de regeneración urbana, con el objetivo de crear una zona divertida y dinámica para todas las edades. Además, incorporaron un programa de actividades culturales, jardines urbanos y un estanque temporal de natación para promover la actividad al aire libre.
- Control de tráfico: en 2015, las lesiones causadas por accidentes de tráfico fueron la principal causa de muerte entre las personas de entre 10 y 19 años en todo el mundo. En este sentido, es fundamental aumentar la sensibilización de los conductores sobre los peatones. En Corea del Sur, el proyecto de mejora de la zona escolar está trazando rutas más seguras entre las zonas en las que viven los alumnos y las instalaciones a las que se desplazan frecuentemente. Como prueba, durante un mes, el área urbana de Suwon se convirtió en una zona sin automóviles. El balance fue tan positivo que, más allá del proyecto piloto, los residentes votaron a favor de imponer controles de estacionamiento, restricciones de velocidad y fines de semana libres de automóviles.
- Espacios naturales: la conexión con el mundo natural está intrínsecamente asociada con una gran variedad de beneficios de salud física y mental, incluyendo menores índices de obesidad, depresión, estrés y trastornos de atención. La creación de estos espacios mejoran la accesibilidad y al mismo tiempo evita que las zonas más abandonadas se conviertan en semilleros de delincuencia. Como ejemplo, los residentes de Salinas en California vieron esto cuando la comunidad local regeneró el Parque Natividad Creek, convirtiéndolo en un refugio para jóvenes.