Las denuncias por abusos sexuales digitales contra menores aumentan un 13 por ciento en dos años
Las denuncias por abusos sexuales digitales contra niños y niñas han aumentado un 13 por ciento en dos años, según ha alertado Save the Children que ha recordado que, en los últimos años, Internet no solo se ha convertido en un nuevo canal para ejercer la violencia, sino que también ha dado lugar a nuevas formas de violencia propias del entorno digital.
El CNIO elimina tumores de páncreas en ratones por completo y sin que aparezcan resistencias
Niños y niñas comienzan cada vez más temprano a relacionarse a través de la red, casi el 58 por ciento utiliza Internet de manera habitual desde los 11 años, y casi uno de cada tres lo hace de forma habitual antes de cumplir los 10 años.
La presencia digital forma ya parte de su vida cotidiana, convirtiéndose en un espacio de socialización, ocio y aprendizaje, pero también en un entorno de riesgo cuando no existen mecanismos adecuados de protección.
En este contexto, Save the Children ha presentado un nuevo análisis, ‘Tras la pantalla: violencia sexual contra la infancia en el entorno digital’ basado en el estudio de 23 sentencias correspondientes a 28 casos de online grooming ocurridos en el periodo 2023-2024 en España.
Todos ellos judicializados y con resolución, que reflejan solo una pequeña parte de los casos de violencia que se producen en el ámbito digital.
Según los últimos datos del Ministerio del Interior, en 2022 se registraron 954 denuncias por delitos sexuales digitales contra niños y niñas, cifra que ha aumentado hasta las 1.078 denuncias en 2024.
Además, las chicas siguen siendo las principales víctimas, representando el 68,6% de los casos, y estos delitos suponen ya el 84,2% del total de la criminalidad sexual en Internet.
“El aumento de denuncias es una señal de que el problema empieza a visibilizarse, pero también confirma que la violencia sexual es una lacra que se extiende en distintos ámbitos del entorno digital. Internet continúa siendo un espacio inseguro para los niños y niñas”, ha señalado Catalina Perazzo, directora de Influencia y Desarrollo Territorial.
El informe confirma que la edad media de las víctimas es de 13 años, y que las niñas siguen siendo mayoría, 60,7 por ciento.
El agresor responde mayoritariamente al perfil de hombre sin antecedentes penales.
En cuanto a la relación con la víctima, el informe identifica que el 41,7 por ciento de los agresores pertenece al entorno conocido, el 33,3 por ciento son personas desconocidas, y el 25 por ciento corresponde al ámbito familiar, un porcentaje significativamente superior al 3,3 por ciento observado en el análisis de 2021-2022.
Save the Children ha mostrado su preocupación por la duración de los procedimientos judiciales en los casos de violencia sexual digital contra la infancia y la adolescencia.
En el periodo analizado, más del 60 por ciento de los casos duran tres años o más y un 14 por ciento supera los cinco años.
Además, el 65 por ciento de las víctimas declara más de dos veces antes del juicio, lo que incrementa el riesgo de revictimización.
Aunque ha aumentado el uso de la grabación del testimonio, todavía no se aplica de forma sistemática.
“Obligar a un niño o niña a repetir su caso una y otra vez supone revivir el daño. En el artículo 499 ter de ley de Enjuiciamiento Criminal ya establece la obligatoriedad de la prueba preconstituida para los menores de 14 años, una protección que debería ampliarla a los mayores de esa edad. El sistema debe estar preparado para escuchar una sola vez y hacerlo bien”, ha afirmado Perazzo.Los delitos sexuales contra la infancia en el entorno digital
El online grooming es un delito que se produce cuando una persona adulta contacta con una niña, niño o adolescentes a través de Internet, redes sociales, videojuegos u otras plataformas digitales con el objetivo de involucrarles en actividades de carácter sexual.
Se trata de una forma de abuso sexual infantil a través de las tecnologías que, al igual que sucede en el abuso sexual físico, se basa principalmente en el engaño, la manipulación y el establecimiento de una falsa relación de confianza.
Estos delitos pueden tener como finalidad la obtención de imágenes o vídeos de contenido sexual, la realización de actos sexuales en el entorno digital o la preparación de encuentros fuera de la red.
El agresor suele seguir un proceso que incluye el aislamiento de la víctima, la evaluación del riesgo para evitar ser descubierto y la introducción de peticiones sexuales, que en muchos casos se producen de forma cada vez más rápida e inmediata, tal y como recoge el informe ‘Redes que atrapan’.
Una justicia a la altura de la infancia
Save the Children ha recordado que la Ley Orgánica de Protección Integral a la Infancia frente a la Violencia (LOPIVI) establece la necesidad de una justicia especializada para atender a niños, niñas y adolescentes víctimas.
Sin embargo, el análisis de los casos recogidos en el informe evidencia que persisten importantes carencias en el proceso judicial que dificultan una respuesta adaptada a las necesidades de la infancia.Para ello es necesario:
- Ampliar el número de secciones especializadas en violencia contra la infancia, garantizando un número suficiente en todo el territorio. Actualmente la normativa prevé la creación de solo tres secciones especializadas en todo el Estado, una cifra claramente insuficiente para atender a todas las niñas, niños y adolescentes víctimas.
- Fiscalías especializadas en violencia contra la infancia y la adolescencia que participen en todos los procesos donde haya infancia víctima, diferenciada de la especializada en protección de menores infractores.
- Equipos técnicos especializados en infancia y adolescencia que auxilien a jueces y magistrados.
- Formación obligatoria para todos los operadores jurídicos, incluyendo de forma específica las violencias en el entorno digital.
- Uso sistemático de la prueba preconstituida, evitando que niños y niñas tengan que repetir su testimonio. La obligatoriedad para la grabación del testimonio debe extenderse a los menores de edad mayores de catorce años, de modo que se asegure una protección efectiva frente a la revictimización en todas las edades.
- Asegurar las competencias para garantizar que los casos de violencia sexual contra niñas, incluida la ejercida en entornos digitales, recaigan en las secciones especializadas en violencia contra la infancia y la adolescencia, incorporando la perspectiva de género, para atender a las necesidades específicas que tienen las niñas víctimas respecto a las mujeres adultas, motivadas por su edad, el momento de desarrollo, el tipo de violencia, o la relación con la persona agresora.
Barnahus
Save the Children apuesta por extender el modelo Barnahus (“casa de los niños” en islandés) a todos los territorios y también a los casos de violencia sexual digital.
Este modelo permite una respuesta integral, especializada e institucional, centrada en los derechos de la infancia y en promover su interés superior, reduciendo la victimización secundaria.
Actualmente, la organización acompaña la implementación y el desarrollo del modelo Barnahus en distintas comunidades autónomas, entre ellas Castilla-La Mancha, Islas Baleares, Euskadi, Navarra y Catalunya, cada una en diferentes fases de despliegue y consolidación. Además, fuera de España, presta asesoramiento para su implantación en Andorra.